Endika Amilibia Donnay





Me refiero a Endika Amilibia Donnay (Legazpi-Gipuzkoa, 1937-2014). Uno de los fundadores de la USO en aquella provincia vasca. La USO nació a finales de los 50 en torno a la Escuela Social de Errenteria, que animaban los hermanos Alberdi, jesuitas de avanzada en la época.
Endika había militado de muy joven en las plataformas más combativas y comprometidas de la Iglesia: la JOC y la HOAC. Y había tenido la oportunidad de enriquecerse con el contacto y la amistad de militantes de un gran valor moral y gran nivel de formación como Eugenio Royo, Jose Luis Martín, Jose María Olazabal, Angel Segurola (que fue entrenador de la Real Sociedad), Vitorino Arrazola, Jose Manuel Susperregui, Félix Dorronsoro, Martin Maya, Jose Antonio Alzola… integrantes del grupo fundacional de la USO a final de los 50 y principios de los 60.
Endika Amilibia ya era militante activo de la USO, en forzosa ilegalidad, en 1962. Y en 1963 salió electo miembro del Jurado de Empresa de Patricio Echevarría, la gran siderurgia guipuzcoana que producía herramientas de una gran calidad bajo la marca comercial Bellota. En el 66, cuando se produjo la gran victoria de la USO y otros grupos ilegales en el Sindicato del Metal de Gipuzkoa y Bizkaia, Endika fue electo miembro de la Directiva Provincial guipuzcoana, junto con compañeros como Vitorino Arrázola, presidente, Jose Manuel Susperregui, vicepresidente, Dorronsoro Olazabal.
Endika perdió su trabajo en Patricio para encontrarlo en la factoría de Michelin en Lasarte. Y en la gran huelga de 1976, Endika perdió su trabajo otra vez, junto a casi cien sindicalistas más de las fábricas de Lasarte, Vitoria, Valladolid y Aranda de Duero.  Volver a empezar de cero con casi 40 años…
Endika encontró amparo en la Economía Social y Solidaria, de fuerte arraigo en Euskadi, y muy especialmente en Gipuzkoa, y logró entrar en Orona, la mayor cooperativa autogestionada de España para la fabricación e instalación de ascensores, hasta su jubilación.
Endika ejerció responsabilidades dirigentes en la USO de Euskadi-Navarra, en la Federación de Químicas, en órganos confederales como el Consejo o el Secretariado, en misiones internacionales representando a la USO…
El periodo en el que yo compartí más intensamente con él tiempo, tareas, ilusiones, riesgos… fue a principios de los 70, cuando yo empecé como liberado clandestino de la USO para toda España. Dedicaba a Gipuzkoa una atención mayor por razón de residir en San Sebastián (bueno, residencia estable y militancia clandestina eran antitéticas).
Con Endika y Susperregui, otro bastión de lealtad y honradez de vida, constituíamos una especie de «comité provincial» y nos dedicábamos, sobre todo, a recomponer una organización que había quedado seriamente dañada por una escisión de signo nacionalista extremista. La propaganda y las publicaciones, que editábamos en una multicopista bastante solvente las escondía Endika a base de enterrarlas en un huertecillo que tenía en su casa…
Jamás olvidaré ni podré devolver cuanto recibí de Endika –y de Suspe y de otros– en aquellos años del 72 al 75 cargados de estrecheces, miedos e ilusiones de que todo iba a valer la pena…
Por eso, cuando Félix Dorronsoro, otro fenómeno, a través de Edurne, su mujer, me llamó para darme la noticia de que Endika había tenido una caída mortal en Noruega, no me preguntó si iría al funeral a despedirlo; lo dio por supuesto.
Conseguir una plaza de lo que sea –tren, avión, autobús– entre Barcelona y San Sebastián un 7 u 8 de Julio es misión imposible. Los sanfermines lo acaparan todo. Fue una odisea, un largo rodeo para enlazar en Miranda de Ebro y llegar a San Sebastián dos horas antes del funeral, el 8 de Julio, a las 19 horas en la iglesia de San Pedro de Lasarte-Oria. Sabía que era un viaje al pasado, a la nostalgia, al boulevard de los sueños rotos, que decía aquel. No importaba; había que estar con Endika en esta última misión…
Una iglesia abarrotada daba idea del fortísimo arraigo social de Endika en su pueblo y con su gente. El cura, un muchacho joven con el que pegué la hebra, muy amigo de Endika, dirigió la ceremonia religiosa –en euskera y castellano– con fluidez y emoción. En su discurso, glosó la vida militante y el compromiso humano y social de Endika. Enfatizó la pertenencia de Endika a la USO y a la lucha obrera y sindical desde muy joven, su compromiso con el proceso de constitución de Lasarte-Oria como municipio y ayuntamiento independiente, su trabajo en la red de asociaciones de padres, en el movimiento cooperativo, en el medio musical y coral… Un ser humano social y solidario por excelencia.
Y luego el abrazo a María Luisa, su esposa y compañera, el reencuentro con compañeros, que a algunos no reconoces a la primera, que recuerdan a la perfección cuando coincidimos aquí o allá en tal fecha o tal evento. El reencuentro con las viudas de los que ya no están… Mi sincero homenaje y agradecimiento a las mujeres militantes, compañeras de militantes... sin su fuerza, resolución, ternura, sacrificio, sentido común... nada, absolutamente nada hubiera sido posible en la lucha por la libertad, la democracia y la justicia... mil gracias, compañeras.
Endika, seguirás vivo en el recuerdo de cuantos te quisimos. Y muchas gracias por haber vivido digna y decentemente siempre.POR MANUEL ZAGUIRRE
Endika Amilibia Donnay